La navaja de Santa Eulalia, con futuro
Dieciséis personas se forman en un cursillo de navalleiros que imparte el Ayuntamiento con el objetivo de recuperar la tradición.
Devolver la navaja al lugar del que nunca debió marcharse. Es el objetivo que persigue el curso de «navalla» que se clausura esta semana en el Ayuntamiento de Santa Eulalia. Paradógicamente lo imparten dos foráneos, Friedrich Bramsteidl y Jorge Román. Ambos han podido aprender el oficio de los últimos artesanos del concejo, los que conocen el secreto de una navaja desconocida pero que antaño tuvo tanto o más prestigio que la de Taramundi.
«Hace cincuenta años había en los alrededores más de cien artesanos y hoy somos tres». Bramasteidl y Román, junto al veterano Antonio Magadán, son el presente de la navalla santallesa. También hay otro par de navalleiros, más desconocidos por haberse marchado del municipio hace años, que siguen conservando intacta la tradición y con los que Bramsteidl y Román mantienen contacto. No obstante, con el éxito que está teniendo el curso -que se organiza por segundo año consecutivo-, esperan que el número pueda aumentar. «En su momento a la navaja no se le dio el valor que tenía y queremos trabajar para que eso cambie», explican los artesanos.
La iniciativa, organizada por el Ayuntamiento, está gozando de mucho éxito. En total son 50 horas formativas en las que participan dieciséis personas, ocho en turno semanal y otras ocho en fines de semana. Algunos, como Belisario Villabrille, ven en el aprendizaje una ocupación en la que invertir las horas de la jubilación, pero otros como Iker Nogales, el más joven del grupo, lo ven como una oportunidad de futuro. «En un futuro podría ser un ingreso complementario, claro», explica. También dice que ya vale la pena aprender aunque sea con el único objetivo de que la tradición no se pierda.
El profesor Román explica que los alumnos son variados en edad, sexo y procedencia. Aunque la mayor parte de los navalleiros suelen ser hombres, el oficio interesa también a las mujeres y, de hecho, este año se han matriculado tres. Muchos, puntualiza Román, son descendientes de navalleiros que han visto el oficio muy de cerca pero que lo desconocen. Además, el profesor confía en que la cita se repita en años venideros: «Se ha quedado mucha gente en lista de espera, así que es probable que se siga organizando».
Las peculiaridades de la navalla santallesa se localizan en la forma de la hoja, que es más ancha y curvada que la de las piezas de Taramundi. También hay diferencias en el tamaño de la argola, la pieza de metal que separa la hoja del mango. En el curso lo aprenden todo y muy pronto los cursillistas ven resultados. «Un principiante puede tener lista una navaja en tres o cuatro horas, aunque no el primer día», bromea Román, quien explica que la mayoría de los participantes vienen sin ningún conocimiento previo.
Poco a poco van aprendiendo los trucos como el de hacer la argola según la plantilla porque si no «es muy difícil que salga bien». Sin duda, explica Román, lo que más les cuesta a los principiantes es el temple. El temple es ese punto exacto en que la hoja de corte está preparada, un secreto que a los veteranos no les desvelar. De hecho, la tradición dice que sólo se puede transmitir de padres a hijos.
Cuando remate el curso, al igual que hicieron el año pasado, el Ayuntamiento organizará una exposición de todos los trabajos en la que también lucirán piezas de los artesanos más reconocidos del concejo.
fuente/lne.es/