Viaje a Mondoñedo

Posted by Administrador - Octubre 23rd, 2009

pasado fin de semana sin puente ni aglomeración de coches y aprovechando las fiestas de San Lucas, nos llegamos hasta Mondoñedo, que celebraba su feria de patrón con un tiempo de verano que invitaba a salir de casa. Quisimos ver, una vez más, la catedral mindonense, que comenzó a construirse hace ya casi ocho siglos, allá por el año 1.219, siendo titular de la silla episcopal un don Martín cronista del rey Alfonso el nono de Castilla el que fuera padre de San Fernando, que también se hospedó en las casas del obispo cuando fue de peregrino a Compostela. Sin embargo, la diócesis es bastante más antigua y tuvo otra sede anterior en San Martín de Dumio que todavía puede verse cerca de la ría de Foz, donde llevaron mitra algunos santos gallegos no muy conocidos como San Gonzalo, aquel obispo barbado de mirada penetrante que logró espantar a la piratería normanda sin apenas mover el báculo. Hoy en día la jurisdicción diocesana se extiende por el norte de las provincias de Lugo y Coruña con una concatedral en la villa de Ferrol.

Cuando llegan las San Lucas se sigue celebrando una feria de ganado vacuno, caballar y otras especies menores de corral y sobre ella contaba Álvaro Cunqueiro que hace tiempo bajaban de las brañas muchos caballos bravos, llegaban mulas de Meira y traían el ganado vacuno desde todos los rincones del reino de Galicia; sin embargo ya no se ve a los paisanos mercando aquellos borricos que llamaban plateros por el tono de la capa, otros de ojo de perdiz o alazanes pintados; casi todos luceros, paticortos y algo recortados por la grupa. También en la feria pueden verse cuchillos y navajas de Taramundi con las cachas de madera labrada con motivos tan viejos y tan nuevos, algunos de colores vivos que traen los feriantes de las cercanas tierras del confín asturiano, donde todavía hay mazos de ferreiro movidos por aguas fluviales con muchos siglos funcionando, aunque hoy cumplen una función, más ornamental, dedicada al turismo rural de la zona.

El llegar temprano a Mondoñedo es buena ocasión para ruar las calles ciudadanas, como gustaba decir a Fray Antonio de Guevara, monje franciscano y castellano de nación, cronista del emperador Carlos y obispo de esta sede episcopal donde escribió algunas de sus obras y fabulaciones más conocidas. Pasando por la vieja casa materna de Cunqueiro, sigue la calle hasta un llamativo oratorio en la fachada de una casa cuya santera cuida con esmero de la provisión de aceite, junto al Cristo donde campea una cita bíblica del Levítico que recuerda al orante y pasajero las iniquidades del hombre y que al toparlo con la llama prendida en oscuros atardeceres invernales producirá una impresión inquietante y tenebrosa al visitante foráneo de encontrarse en lugares de otro tiempo.

La catedral muestra un armonizado conjunto de estilos del románico al barroco, en una evolución bellamente asimilada que forma un conjunto de gran porte y personalidad. Sobre el friso, que corona el frontón de la fachada principal, puede verse una imagen de la virgen de la asunción patrona de la catedral que remata en lo alto otra de San Rosendo obispo y patrón de la ciudad. El interior resulta más homogéneo y se encuentra integrado por tres naves sin capillas adosadas, siendo un modelo de sobriedad, pues la sensación de desnudez que produce la estancia en las naves sin apenas ornatos ni figuras religiosas y un silencio casi conventual, incitan a la oración; además, quien asista a los cantos vesperales del cabildo puede llevarse un recuerdo inolvidable de este templo episcopal. El retablo de la capilla mayor de factura rococó tiene dos partes, una en que representa el tema de la asunción y en el otro la Trinidad divina. Situada en la parte derecha llama la atención la imagen grande de Nuestra señora la Inglesa traída desde la catedral de Saint Paul en Londres, cuando el rey Enrique VIII abandonó la iglesia romana; hoy por el contrario, en el Reino Unido, hay más católicos que anglicanos. Pero si hay algo con lo que merece rematar la visita catedralicia es con la entrada al museo diocesano, lleno de obras de arte y curiosidades, al que acompaña un centro editorial de obras sobre temas comarcanos de gran interés para quien quiera llevarse algo más que un recuerdo pasajero. Concluida la visita podemos disfrutar algo la feria, dar cuenta de una tabla de lacón con cachelos y sacar tiempo para pasar por casa del Rei das tartas. Al salir del caserío urbano y del circo de montañas que rodea Mondoñedo nos quedan ganas de regresar a esta zona, por la belleza del paisaje y porque aquí cerca dicen que hubo, en tiempos medievales, una colonización de pueblos bretones que llegaron expulsados por los anglosajones y todavía quedan topónimos recordando aquellos hechos; pero tendrá que ser en otra ocasión, puede que en unas semanas, cuando estén las castañas en sazón.

fuente/laopinioncoruna.es

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